domingo, 22 de junio de 2008

Alimentación y Cultura: alimentos “rápidos” vs. alimentos “típicos”


Mapa de la Comida Rápida en el Mundo

Dr. Francisco Morales Zepeda

El gusto por los alimentos tiene un origen en la cultura, porque al nacer lo hacemos en un mundo que se encuentra codificado socialmente en el habla y en los alimentos; así, cuando hablamos de los sabores que guardamos en nuestra memoria podemos darnos cuenta que difieren de manera drástica de una sociedad a otra.

La alimentación de los pueblos es uno de sus rasgos distintivos, es difícil que una sociedad tenga los mismos gustos que otra en cuanto al sabor de los alimentos se refiere, y en especial cuando hablamos de sus platillos “típicos”.

Tenemos en toda la geografía humana distintos sabores, que van desde los que tienen una alta concentración de especias, hasta aquellos en los que no se encuentra rasgo alguno de que se haya utilizado ningún ingrediente especial en su elaboración.

En la distribución “geocultural” de los gustos, encontramos que los sabores fuertes basados en muchos condimentos son típicos de la región cultural islámica, asentada en el medio oriente (situada en el continente asiático); mientras que los alimentos poco condimentados y con pocas verduras son los de la región africana (situada en el continente africano); en cambio los eslavos y occidentales (Europa Oriental y Europa Occidental) prefieren los sabores secos como la mostaza y el ajo, y los Latinoamericanos preferimos los sabores picantes y agrios o agridulces .

Esta distribución espacial de los sabores en el mundo, nos indica de forma muy clara que los seres humanos tenemos una gran variedad de gustos basada en los sabores, y que estos sabores han sido cultivados durante siglos por los distintos conglomerados humanos que habitan el planeta, a partir de las características físicas del territorio en el que habitamos.

El origen social del gusto nos permite reconocer cuando empezamos a vivir una cultura distinta, es a partir de los sabores de los alimentos como podemos adentrarnos en uno de los aspecto que nos ayuda a conocer de manera directa los ambientes culturales con los que los distintos sabores se relacionan con la cultura, llevando el gusto del plano biológico al social.

“La alimentación es una actividad no sólo biológica, nutricional y médica es también un fenómeno social, psicológico, económico, simbólico, religioso, cultural, en definitiva, un hecho extraordinariamente complejo.” (Contreras, 2002)

Sabemos también, que es muy común que una sociedad adopte los gustos en la alimentación de una cultura a otra, e incluso que esto representa una de las formas más comunes de promover los sabores y aromas de una sociedad a otra; aspecto que no es negativo, sobre todo cuando consideramos que es la cocina un de los lugares en los que el encuentro o desencuentro de civilizaciones se ve con mayor claridad.

Pero, también hay sociedades en la actualidad, que sin reconocer la importancia de la cultura en la alimentación, importan alimentos “exóticos” como uno de sus principales “negocios”, considerando que siempre existe una “necesidad” humana por experimentar nuevos sabores, sin considerar las consecuencias que para su población tiene el no contar con una educación en los sabores típicos de los alimentos locales.

En los hechos la exportación de alimentos procesados en el mundo representa enormes ganancias para varias empresas trasnacionales que se dedican exclusivamente a la venta de este tipo de productos.

La comida es un escaparate para que distintas sociedades se conozcan e interactúen, como una de las formas que asume el intercambio mundial de mercancías (globalización de capitales). A la comida la podemos considerar uno de los elementos centrales en el flujo de mercancías a partir del negocio de franquicias de alimentos “rápidos”, que son regularmente estandarizados y presentados en grandes cadenas comerciales, que se encuentran presentes en todo el mundo.

Esta visión de los alimentos “rápidos” nos ayuda considerar en su conjunto a todo la “industria alimentaria” que está involucrada de manera directa e indirecta con el negocio de la alimentación, y con ello, la enorme cantidad de inversión y ganancias que representa; es tan grande su peso en la economía que Incluso hay quienes han llegado a sugerir que se puede medir el ingreso percapital (de la población) en función del número de hamburguesas que una persona pude comprarse con los ingresos medios de la población.

Frente a estos alimentos procesados, poco pueden hacer los alimentos “típicos” de los pueblos, porque simplemente están diseñados para el tipo de sociedad que impone el sistema económico mundial y que ideológicamente considera a lo local uno de los aspectos que en primer lugar debe coincidir con el modelo macroeconómico de consumo.

Ahora, si bien es cierto, que los alimentos típicos que presentados de manera regular, en envolturas rudimentarias, han dejado de tener aceptación en las nuevas generaciones, también sabemos que es cierto que los alimentos importados poco o nada les aportan en nutrientes, por lo que nos permite considerarlos como alimentos “chatarra”.

La alimentación de las jóvenes generaciones, hace que cada día sea más necesario el que se considere con un mayor cuidado qué alimentos consumimos, sobre todo, porque el consumismo impone en ellos una serie de estilos de alimentación que en muchos casos se basan en la moda de alimentos que poco benefician a su desarrollo, y por el contrario que tienen serias implicaciones en su salud.

La diversidad de formas que presenta alimentación en el mundo nos da la pauta para pensar en una “turismo del sabor”, es decir, la búsqueda de los sabores que hacen típico a un platillo en una cultura, y de esta manera podemos conocer cada uno de los ingredientes que hacen posible un sin número de combinaciones. Así tenemos que en cada sociedad se mezclan distintos sabores, e incluso sabores agrios con dulces lo que le imprime un gran contraste al degustarlos en el paladar; al tiempo que nos habla de la gran gama de alimentos que existen en el mundo.

El origen cultural del gusto por los alimentos, nos presenta dos preguntas que continúa esperando una respuesta en las sociedades contemporáneas: ¿Cómo educar a las jóvenes generaciones que ya han sido atrapadas por los alimentos chatarra en el gusto por sabores que los nutran? y ¿hasta dónde va a ser necesario llegar en el deterioro de la salud para que las personas consideren indispensable educar el gusto por alimentos sanos? La verdad, la respuesta a estas preguntas no es nada alentadora, porque en muchos casos la sociedad insiste en consumir alientos que no garantizan el mínimo de nutrientes, aspecto que se agudiza en las generaciones jóvenes.

La cultura y lo alimentos se encuentran mutuamente relacionados, no es posible pensar que una cultura se desarrolle sin alimentos y menos aún que los alimentos aumenten en su arraigo en las personas sin la cultura.

Referencias:
CONTRERAS, Jesús, (Compilador) 2002, Necesidades, Gustos y Costumbres, Alfaomega, España Mapa de la Comida Rápida en el Mundo
http://www.worldmapper.org/posters/worldmapper_map364_ver5.pdf