domingo, 29 de junio de 2008

La Modificación de los Hábitos Alimenticios en México: ¿Sólo una necesidad de Salud Pública?


Dr. Francisco Morales Zepeda

No es sencillo modificar los hábitos de consumo de la población en México, menos cuando llevamos años alimentándonos de una dieta rica en grasas y carbohidratos pero pobre en proteínas.

Es importante entender, que producto de esta dieta la población en México se enfrenta a una epidemia de enfermedades crónicas degenerativas que afecta principalmente a los más pobres (Diabetes mellitus, hipertensión arterial y obesidad).

Los malos hábitos alimenticios que tenemos los mexicanos, inician con aspectos sencillos, que van desde el hecho de que no contamos con un horario específico para comer, nuestra ignorancia al momento de escoger los alimentos que nos permiten hacernos llegar de los nutrientes necesarios para contar con una buena salud y consumir una enorme cantidad de alimentos chatarra.

Aunado a una dieta pobre en proteínas, en México, al igual que muchos otros países occidentales, nuestra dieta se ha adecuado a los tiempos “libres” en el trabajo, en los que poco o nada disfrutamos de la comida y pocas veces nos detenemos a considerar sí lo que comemos es sano.

El ritmo desordenado en los hábitos alimenticios se agudiza cuando analizamos con más detalle la llamada “sociedad de consumo”, en la que el estilo de consumo dominante (comida rápida) está plagada de alimentos que poco o nada nos nutren.

Es difícil deslindarnos de los tiempos reducidos que tenemos para alimentarnos, por lo que es indispensable que pensemos cómo modificar nuestros hábitos alimenticios; y a pesar de que para algunos (principalmente las autoridades del sector salud) basta con suplir nuestra dieta con alimentos sanos y ejercicio diario para asegurar una buena calidad de vida, es necesario decir, contradiciendo esta afirmación, que los estilos de consumo o son tan fáciles de erradicar, porque tiene hondo arraigo en las formas de distribución de las mercancías y acumulación del capital en occidente, por lo que la sola modificación de hábitos no basta.

La sociedad de consumo, exige a quienes han caído en ella enormes gastos en bienes suntuarios; es común, por ejemplo, observar que en la búsqueda de un lugar para comer (cuando deseamos comer fuera de casa) no pensamos en el lugar que nos ofrezca un buen alimento a bajo costo, por el contrario buscamos el que nos garantice la seguridad del Status Quo.

¿Cómo podemos modificar nuestros hábitos alimenticios? Al retomar la expresión del filósofo Ludwig Feuerbach, “somos lo que comemos”, podemos considerar que las enfermedades crónicas son productos de una mala alimentación que pueden ser perfectamente corregidas a partir de tener acceso a mejores alimentos, pero como ya hemos dicho hacernos de esos alimentos no es sencillo.

No es sólo que comamos en abundancia también qué tipo de alimentos consumamos; un ejemplo es el índice de desnutrición infantil en México: para el año 2000 el nivel de desnutrición infantil en México había “disminuido” como producto de una forma de medición basada en el diámetro de la cintura de los infantes, producto de este “índice” los niveles de obesidad infantil se dispararon en la primera década del siglo XXI en el país, una contradicción que nos indica que es la calidad de los alimentos y no su cantidad lo que nos permitirá contar con mejores niveles de salud en la población.

El problema de la nutrición en la población mexicana y sus consecuencias lo podemos seguir en un estudio publicado en 2005 por Simón Barquera y Lizbeth Tolentino, este estudio nos indica que cada vez más la población más pobre, los niños y los jóvenes son ahora los que regularmente cuenta con problemas derivados de estilos de vida entre los cuales los malos hábitos alimenticios es uno de los principales problemas.

Para Barquera y Tolentino (2005) la distribución geográfica de de las enfermedades asociadas a la nutrición en México se encuentran ligadas con la calidad de los alimentos que consume la población, así tenemos que es en los estados más pobres del país, y contrario a lo que podríamos pensar, son en los que los índices de enfermedades ligadas a la nutrición son mayores, y no únicamente las derivadas de la desnutrición, también lo son los que tienen el mayor numero de infartos al corazón.

“Es importante resaltar que tanto la escolaridad como el nivel socioeconómico se encuentran estrechamente asociados con una menor prevalencia de enfermedades crónicas en todas las regiones del país, incluyendo diabetes mellitus, hipertensión arterial y obesidad, entre otras. (…) Lo anterior plantea un reto adicional, toda vez que la mayor carga de enfermedad, tanto por infecciones y desnutrición, como por padecimientos crónicos, se encuentran afectando a los grupos sociales con menos recursos y capacidad para afrontarlos.” (Barquera y Tolentino, 2005)
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud de 2000, la distribución de la hipertensión arterial por nivel socioeconómico nos indica que en las personas con nivel bajo hay un 42.7 %, en las de ingresos medios 31.6% y en ingresos altos 25.8%, números que se relacionan con la calidad de los alimentos que se consumen en las dietas de cada una de estas poblaciones en el país.

El cambio de los hábitos alimenticios no es únicamente una cuestión de salud pública, es necesario pensar que las enfermedades crónicas son una consecuencia, y la raíz del problema se encuentra en una forma de distribución de los alimentos en la población en México a lo largo del siglo XXI, que permitió que los más pobres de México se conviertan en consumidores de alimentos de bajos nutrientes.

Podemos responder que los más pobres no acceden a nutrientes porque se encuentra con bajos o nulos ingresos, como lo afirma Alejandro Cerda (2007), investigados de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, pero, considero la respuesta tiene otros orígenes históricos, uno de ellos es la destrucción de las posibilidades de producción agrícola para el auto consumo y las condiciones que en las periferias urbanas del país los condenan a una pobreza que lo desliga por completo de la posibilidad de desarrollar redes institucionales con las cuales gestionar su desarrollo.

La educación de los más pobres del país, de los desarraigados en las zonas periurbanas de las ciudades con hábitos alimenticios que poco o nada los nutren no es un tarea sencilla, porque no se trata aquí de que diagnostiquemos enfermedades a partir de padecimientos, sino de algo más difícil, arrebatarle el mercado de consumo a los alimentos chatarra (grandes empresas trasnacionales) que se han apoderado de todos las pequeñas tiendas en los barrios y las colonias a través de una enorme maquinaria publicitaria que bombardea a la sociedad con estereotipos de consumo.

No se trata únicamente que nos alimentemos “sanamente” y realicemos un deporte para que aseguremos una calidad mayor de vida, además es necesario pensar en el factor educativo como uno de los aspectos que influye en los hábitos alimenticios, y es ahí donde es importante hacer énfasis porque son los pobres entre los más pobres de México los que se encuentran atrapados entre la falta de alimentos y los alimentos chatarra, y al mismo tiempo quienes tienen los índices de desarrollo humano más bajos en el país (nivel de ingresos, educación, expectativa de vida y tasa de natalidad).

Referentes:
Barquera Simón y Tolentino Lizbeth (2005) Geografía de las enfermedades asociadas con la nutrición en México: una perspectiva de transición epidemiológica Instituto Nacional de Salud Pública de México, Papeles de Población Nº 43, México.
http://chd-taskforce-latinoamerica.com/documentos/Mexico.EnfermedadesDeLaNutricion2005.pdf (Consulta 21/06/08)
“La pobreza, no los malos hábitos, es la causante de obesidad, según la UACM” http://www.jornada.unam.mx/2007/11/10/index.php?section=capital&article=031n1cap
La Jornada 10/noviembre/2007 (consulta 22/06/08)


domingo, 22 de junio de 2008

Alimentación y Cultura: alimentos “rápidos” vs. alimentos “típicos”


Mapa de la Comida Rápida en el Mundo

Dr. Francisco Morales Zepeda

El gusto por los alimentos tiene un origen en la cultura, porque al nacer lo hacemos en un mundo que se encuentra codificado socialmente en el habla y en los alimentos; así, cuando hablamos de los sabores que guardamos en nuestra memoria podemos darnos cuenta que difieren de manera drástica de una sociedad a otra.

La alimentación de los pueblos es uno de sus rasgos distintivos, es difícil que una sociedad tenga los mismos gustos que otra en cuanto al sabor de los alimentos se refiere, y en especial cuando hablamos de sus platillos “típicos”.

Tenemos en toda la geografía humana distintos sabores, que van desde los que tienen una alta concentración de especias, hasta aquellos en los que no se encuentra rasgo alguno de que se haya utilizado ningún ingrediente especial en su elaboración.

En la distribución “geocultural” de los gustos, encontramos que los sabores fuertes basados en muchos condimentos son típicos de la región cultural islámica, asentada en el medio oriente (situada en el continente asiático); mientras que los alimentos poco condimentados y con pocas verduras son los de la región africana (situada en el continente africano); en cambio los eslavos y occidentales (Europa Oriental y Europa Occidental) prefieren los sabores secos como la mostaza y el ajo, y los Latinoamericanos preferimos los sabores picantes y agrios o agridulces .

Esta distribución espacial de los sabores en el mundo, nos indica de forma muy clara que los seres humanos tenemos una gran variedad de gustos basada en los sabores, y que estos sabores han sido cultivados durante siglos por los distintos conglomerados humanos que habitan el planeta, a partir de las características físicas del territorio en el que habitamos.

El origen social del gusto nos permite reconocer cuando empezamos a vivir una cultura distinta, es a partir de los sabores de los alimentos como podemos adentrarnos en uno de los aspecto que nos ayuda a conocer de manera directa los ambientes culturales con los que los distintos sabores se relacionan con la cultura, llevando el gusto del plano biológico al social.

“La alimentación es una actividad no sólo biológica, nutricional y médica es también un fenómeno social, psicológico, económico, simbólico, religioso, cultural, en definitiva, un hecho extraordinariamente complejo.” (Contreras, 2002)

Sabemos también, que es muy común que una sociedad adopte los gustos en la alimentación de una cultura a otra, e incluso que esto representa una de las formas más comunes de promover los sabores y aromas de una sociedad a otra; aspecto que no es negativo, sobre todo cuando consideramos que es la cocina un de los lugares en los que el encuentro o desencuentro de civilizaciones se ve con mayor claridad.

Pero, también hay sociedades en la actualidad, que sin reconocer la importancia de la cultura en la alimentación, importan alimentos “exóticos” como uno de sus principales “negocios”, considerando que siempre existe una “necesidad” humana por experimentar nuevos sabores, sin considerar las consecuencias que para su población tiene el no contar con una educación en los sabores típicos de los alimentos locales.

En los hechos la exportación de alimentos procesados en el mundo representa enormes ganancias para varias empresas trasnacionales que se dedican exclusivamente a la venta de este tipo de productos.

La comida es un escaparate para que distintas sociedades se conozcan e interactúen, como una de las formas que asume el intercambio mundial de mercancías (globalización de capitales). A la comida la podemos considerar uno de los elementos centrales en el flujo de mercancías a partir del negocio de franquicias de alimentos “rápidos”, que son regularmente estandarizados y presentados en grandes cadenas comerciales, que se encuentran presentes en todo el mundo.

Esta visión de los alimentos “rápidos” nos ayuda considerar en su conjunto a todo la “industria alimentaria” que está involucrada de manera directa e indirecta con el negocio de la alimentación, y con ello, la enorme cantidad de inversión y ganancias que representa; es tan grande su peso en la economía que Incluso hay quienes han llegado a sugerir que se puede medir el ingreso percapital (de la población) en función del número de hamburguesas que una persona pude comprarse con los ingresos medios de la población.

Frente a estos alimentos procesados, poco pueden hacer los alimentos “típicos” de los pueblos, porque simplemente están diseñados para el tipo de sociedad que impone el sistema económico mundial y que ideológicamente considera a lo local uno de los aspectos que en primer lugar debe coincidir con el modelo macroeconómico de consumo.

Ahora, si bien es cierto, que los alimentos típicos que presentados de manera regular, en envolturas rudimentarias, han dejado de tener aceptación en las nuevas generaciones, también sabemos que es cierto que los alimentos importados poco o nada les aportan en nutrientes, por lo que nos permite considerarlos como alimentos “chatarra”.

La alimentación de las jóvenes generaciones, hace que cada día sea más necesario el que se considere con un mayor cuidado qué alimentos consumimos, sobre todo, porque el consumismo impone en ellos una serie de estilos de alimentación que en muchos casos se basan en la moda de alimentos que poco benefician a su desarrollo, y por el contrario que tienen serias implicaciones en su salud.

La diversidad de formas que presenta alimentación en el mundo nos da la pauta para pensar en una “turismo del sabor”, es decir, la búsqueda de los sabores que hacen típico a un platillo en una cultura, y de esta manera podemos conocer cada uno de los ingredientes que hacen posible un sin número de combinaciones. Así tenemos que en cada sociedad se mezclan distintos sabores, e incluso sabores agrios con dulces lo que le imprime un gran contraste al degustarlos en el paladar; al tiempo que nos habla de la gran gama de alimentos que existen en el mundo.

El origen cultural del gusto por los alimentos, nos presenta dos preguntas que continúa esperando una respuesta en las sociedades contemporáneas: ¿Cómo educar a las jóvenes generaciones que ya han sido atrapadas por los alimentos chatarra en el gusto por sabores que los nutran? y ¿hasta dónde va a ser necesario llegar en el deterioro de la salud para que las personas consideren indispensable educar el gusto por alimentos sanos? La verdad, la respuesta a estas preguntas no es nada alentadora, porque en muchos casos la sociedad insiste en consumir alientos que no garantizan el mínimo de nutrientes, aspecto que se agudiza en las generaciones jóvenes.

La cultura y lo alimentos se encuentran mutuamente relacionados, no es posible pensar que una cultura se desarrolle sin alimentos y menos aún que los alimentos aumenten en su arraigo en las personas sin la cultura.

Referencias:
CONTRERAS, Jesús, (Compilador) 2002, Necesidades, Gustos y Costumbres, Alfaomega, España Mapa de la Comida Rápida en el Mundo
http://www.worldmapper.org/posters/worldmapper_map364_ver5.pdf

sábado, 14 de junio de 2008

El Espacio Geográfico como Espacio Cultural


Dr. Francisco Morales Zepeda

El geógrafo Milton Santos define al espacio geográfico como aquel que “está formado por un mundo indisoluble, solidario y también contradictorio, de sistemas de objetos y sistemas de acciones, no considerados aisladamente, sino como el contexto único en el que se realiza la historia. (…) El espacio es hoy un sistema de objetos cada vez más artificiales poblado por sistemas de acciones igualmente imbuidos de artificialidad, y cada vez más tendentes afines extraños al lugar y a sus habitantes. (Santos, 2000 p. 54)

Referirse al espacio geográfico aislado de la teoría desde la que se le interpreta es un error, la conceptualización del mundo parte de las interpretaciones filosóficas que tenemos de él, de ahí, que el concepto de espacio geográfico de Milton Santos basado en una perspectiva materialista de la geografía, nos hable de un espacio histórico indivisible, una interpretación de realidad como totalidad.

El concepto de espacio geográfico desarrollado por Milton
Santos nos exige pensar necesariamente en un “espacio cultural”, es decir, en un espacio mediado por conceptos, un espacio conceptualizado por el ser humano desde el que interpretamos el mundo en el que vivimos.

Considerar que interpretamos el espacio geográfico desde una percepción igual o más evolucionada que la los animales, es decir, una “percepción natural” es un bache en el que la psicología se encontró durante varias generaciones en la historia temprana de esta ciencia; bache del que Lev. S. Vygotski la rescato con el concepto de “percepción verbal”, que nos permite considerar la relación entre cultura y percepción, una definición que nos acerca a la interpretación que del espacio hace Milton Santos.

La interacción entre el espacio geográfico y percepción toma un giro enteramente distinto, al de considerar que lo que percibimos del espacio no es sólo una reacción biológica de nuestras sensaciones y sentidos hacia el entorno, ahora sabemos, que la conceptualización del mundo es parte de los procesos psicológicos superiores y es a través de ellos, que interpretamos el espacio geográfico.

Es pertinente considerar que, al igual que en el caso del desarrollo del lenguaje la percepción tiene distintos niveles de profundidad en el manejo de la generalizaciones y abstracciones; de esta manera, únicamente la percepción que ha sido educada, es decir, la percepción desarrollada a partir del mundo conceptual es la más fidedigna del espacio geográfico, a partir de que cuenta con una mayor internalización.
La teoría sociocultural del Lev s. Vygotski, considera que los procesos de internalización de los conceptos, pasan por la comprensión de abstracciones, y que el manejo discursivo de las generalizaciones es lo que permite el desarrollo del pensamiento científico.

Para la teoría Sociocultural, uno de los aspectos claves para comprender el desarrollo de los procesos psicológicos superiores es de “internalización”, que es lo que nos permite interpretar cómo la información “culturalmente seleccionada” se traduce, con la mediación de un individuo más capaz, en información que termina por dominar un individuo menos capaz.

“(…) Para Vygotski, la noción de internalización solamente era aplicable al desarrollo de las funciones psicológicas superiores y, por lo tanto, a la línea social o cultural del desarrollo. Desde su postura, la internalización es un proceso implicado en la transformación de los fenómenos sociales en fenómenos psicológicos. Por tanto, Vygotski concebía la realidad social como determinante fundamental de la naturaleza del funcionamiento intrapsicológico interno.” (Wertsch, 1998, p. 79)

Podemos decir entonces que el proceso de internalización se fundamenta en la “Ley de la doble formación”, ley con la que Vygotski nos explica la manera en la que los procesos sociales se transforman en conocimiento, lo que se puede interpretar también, bajo la premisa de que todo proceso intrapsicológico, primero fue interpsicológico.

La internalización, es un proceso de transformación de las relaciones sociales, en procesos individuales, es decir, de la función interpsicológica que se da en el exterior, en el plano social, pasa después a una realidad interna el individuo, a partir del “lenguaje interior”. A decir de Wertsch; "Es preciso que todo aquello que es interno en las formas superiores haya sido externo, es decir, que fuera para otros lo que ahora es para uno mismo. (Wertsch, 1998, p. 79).

De esta manera, la internalización del espacio geográfico, es fundamental en el desarrollo pleno del “lenguaje interior”, porque representa el proceso de planificación que distingue a la percepción del resto de los procesos psicológicos superiores. El concepto de “percepción verbalizada” de Vygotski es un referente para considerar el espacio geográfico como espacio cultural, a partir de que son los conceptos abstractos de los cuales partimos para explicarnos el mundo, consolidando a lo largo de nuestro desarrollo ontogenético la “noción de sí” (comprensión de nosotros mismos) que nos permite percibir el espacio y el tiempo como un continuum histórico en el que no hay percepción sin concepción.


Referencias:

Luria, A. R. (2000) Conciencia y Lenguaje, Aprendizaje Visor, España
Santos, Milton (2000) La Naturaleza del Espacio. Técnica y Tiempo. Razón y Emoción, Ariel Geografía, España.
Vygotski, Lev. S. (2000) Los procesos Psicológicos Superiores, Critica, España
Vygotski, Lev. S. (1998) Pensamiento y Lenguaje, Paidós, España
Wertsch, J.V. (1979). From social interaction to higher psychological processes: a clarification and application of Vigotski’s theory. Human Development, 22, 1-22.
Wertsch J. (1993). Voces de la Mente. Visor Madrid.
Wertsch James (1998) Vygotsky y la formación social de la mente. Paidós. Barcelona.

martes, 3 de junio de 2008

Percepción y Espacio Cultural II/II


Dr. Francisco Morales Zepeda
El concepto de percepción en la teoría Sociocultural de Vygotski es diametralmente distinto al de Piaget, al considerar que el lenguaje juega un papel central en el desarrollo cognoscitivo del ser humano.

Vygotski distingue a la “percepción natural” de la propiamente humana, la “percepción verbalizada”. La percepción humana, para Vygotski, no es el resultado del perfeccionamiento de la percepción animal, toda vez que, contrario a los animales, los seres humanos son selectivos al momento de establecer la percepción de su entorno; aspecto que la percepción natural no tiene la capacidad de realizar.

El uso del lenguaje influye en las sensaciones humanas, al modificar de manera artificial el campo sensorial, transformando necesariamente a la percepción, permitiendo que el ser humano mantenga “distancia” del campo visual, uno de los aspectos que no pueden ser explicados desde un planteamiento biologisistas de la percepción.

Así, la percepción enmarcada en el contexto del lenguaje, Vygotski la llama “percepción verbalizada”, al ser el producto de la rotulación de su entorno con palabras, permitiendo a su vez, que el ser humano separe aspectos específicos de aspectos globales en el campo visual y fuera de él.

“Gracias a las palabras, los niños distinguen elementos separados, superando con ello la estructura natural del campo sensorial y formando nuevos (artificialmente introducidos y dinámicos) centros estructurales.” (Vygotski, 2000, p.59)

La importancia de la palabra en la percepción se expresa en la selectividad que el ser humano alcanza en el campo visual. Mientras que la percepción visual es completa e indivisible, la percepción verbal es selectiva; aspecto que nos permite considerar que la base biológicas de la percepción tienen un límite, pero contrario a lo expresado por Piaget en la psicología evolutiva, para Vygotski no se encuentra en la lógica formal y matemática, sino en las condiciones socioculturales en las que se desarrolla el lenguaje en la cultura.

La evolución de la percepción en el ser humano va a la par de la evolución ontogenética del lenguaje (de la infancia a la edad adulta); lo que nos indica que en un primer momento, la explicación del mundo está dada por la cultura en la que se nace, en una relación sentimental, para pasar en un segundo momento a una relación directa con el entorno, es decir, a un ejercicio de objetivación de los conceptos y finalmente a una etapa lógico-verbal, en la que los conceptos abstractos median entre el contexto y la conducta.

Otro de los aspectos que separan la perspectiva de Vygotski de la de Piaget, en lo que a percepción se refiere, es el hecho de que del primero considera a la percepción parte de los procesos psicológicos superiores, y por lo tanto, se encuentra presente en todas las etapas de la evolución ontogenética humana, lo que nos indica que no hay una supeditación a la lógica en ningún momento de la evolución de la percepción.

La percepción no actúa subordinada a la lógica matemática, se conduce por las directrices de la cultura, al ser el lenguaje el responsable directo de la reorganización del campo visual y espacial, dirigiendo con ello la atención del individuo a aspectos específicos de su entorno, logrando así un modo de atención dinámica, es decir, la capacidad para captar cambios en una situación desde un punto de vista histórico, actuando en el presente desde un punto de vista prospectivo.

La percepción mediada por el lenguaje permite a los niños desarrollar una conducta selectiva, toda vez que los conceptos les permiten comprender el mundo; el descubrimiento de Vygotski del soporte semiótico de la percepción hace necesario que los procesos cognoscitivos que se favorecen en la educación formal vayan encaminados al desarrollo de la vida conceptual de los individuos.

El manejo de signos por el niño le permite reestructurar los procesos psicológicos, a la vez que domina sus movimientos motrices, un aspecto que representa una expresión completamente distinta a la historia natural de la conducta, y que inicia “(…) una rotura fundamental con la historia natural de la conducta e inicia la transición del comportamiento primitivo de los animales a las actividades intelectuales superiores de los seres humanos” (Vygotski, 2000, p. 63)

Mientras que para un animal toda tarea es irresoluble fuera del campo visual, el ser humano supera este escoyo con la ayuda del control verbal de su atención, permitiendo la organización del campo perceptivo en función de la dificultad de la tarea; demostrando así, que el ser humano es capaz de una transición de una estructura simultanea del campo visual a una estructura sucesiva del campo dinámico de atención a partir de la relación de actividades separadas que forman parte de una misma sucesión de operaciones necesarias para lograr un fin.

Esta posibilidad que da el lenguaje, es la de combinar elementos del campo visual presente y pasado, permitiendo al ser humano la reconstrucción de la memoria en un campo temporal para la acción, de esta manera la memoria se extiende en un sistema efectivo de presente, pasado y futuro, determinando así las funciones de “representación simbólica y acción proyectada” en el ser humano.

La percepción humana tiene un origen histórico-social, es decir mediado por la cultura, de esta manera el ser humano cuenta con un instrumento que al estar mediado por el lenguaje, le permite desplegar su función sintetizadora propiciando de esta manera el desarrollo de formas más complejas de percepción cognoscitiva.

Referencias:
Vygotski, Lev. S. (2000) Los procesos Psicológicos Superiores, Critica, España
Vygotski, Lev. S. (1998) Pensamiento y Lenguaje, Paidós, España

jueves, 29 de mayo de 2008

Percepción y Espacio Cultural I/II


Dr. Francisco Morales Zepeda

El estudio de la geografía cultural reclama como uno de sus aspectos centrales para comprender a cabalidad el espacio cultural contar con un concepto medianamente coherente de “pecepción”, este concepto engloba la noción que tenemos de nuestro entorno y nos permite establecer mecanismos de interpretación del mismo.

Podemos echar mano de la psicología para entender qué es la percepción, al existir en esta ciencia dos teorías que la han estudiado a profundidad; por un lado la psicología evolutiva de Jean Piaget y por otro lado la teoría sociocultural de Lev. S. Vygotsy. Para la primera, la percepción es un acto involuntario previo a la razón, mientras que para la segunda es unos de los procesos psicológicos superiores del ser humano.

Retomaremos cada una de estas teorías para comprender qué es y qué no es la percepción, contrastando los dos planteamientos teóricos que hemos mencionado, iniciando en primera instancia con la psicología evolutiva.

A Jean Piaget (1896-1980) le interesaba comprender los mecanismos por medio de los cuales se desarrolla el conocimiento en el ser humano, y cuáles eran sus bases biológicas, y esto guió todos sus estudios y conclusiones, así como los marcos filosóficos que normaron sus planteamientos epistémicos y psicológicos.

El concepto de percepción en la psicología evolutiva juega un papel preponderante hasta el momento en el que se desarrolla plenamente la lógica en el estadio sensorio motriz (0 a 2 años), lo que nos indica que la percepción es inferior como proceso de adaptación a la inteligencia.

Los fundamentos estructuralistas son los planteamientos que orientan las concepciones teóricas de Jean Piaget, en la formulación de estructuras que explican el desarrollo del conocimiento como una manera de adaptación del sujeto al entorno, a partir de la interacción del sujeto con el objeto.

El concepto de percepción para Jean Piaget parte de un estudio minucioso de los aspectos que constituyen al fenómeno, considerando que la percepción es parte de las estructuras poco equilibradas o inestables en los estadios del desarrollo del niño y del adolescente; es decir, tienen un énfasis mayor en los estadios previos al operatorio formal. Es en el estadio sensorio motriz donde la percepción tiene significado a partir de los esquemas sensoriomotores de los que forma parte, al mismo tiempo que es importante en la inteligencia sensorio-motora y no en la percepción la que fundamenta el desarrollo intelectual posterior.

La percepción es para Piaget un soporte para las estructuras del pensamiento del niño en el estadio sensorio motriz, que se presenta como una de las fuentes de error (debido a los efectos de centración, inconsistencia y distorsión) en el pensamiento del niño, producto de la inmadurez de estructuras, las cuales han de librarse de la inmediatez perceptiva antes de poder alcanzar el nivel superior que se plasma en la lógica del pensamiento operatorio formal.

El concepto de percepción en la obra de Piaget es tratado como una parte importante de su programa de investigación, al considerar a la misma como un proceso de adaptación, pero supeditada en los estadios superiores a la razón; Piaget no condena a la percepción a desaparecer, pero la condiciona a un acotamiento de su papel en el desarrollo del conocimiento.

La influencia de la percepción se reduce al mismo tiempo que aumenta la actividad sistemática de la acción, lo que permite reconstruir la imagen perceptual y otorgarle, a partir de la descentración, objetividad a la abstracción.

Para Piaget la percepción está constituida por encuentros y acoplamientos. Los encuentros son los que permiten al sujeto concentrarse en los aspectos visuales del objeto, mientras que los acoplamientos es una mirada en la que participa la lógica, por tanto la abstracción es un componente necesario en la objetivación de la acción.

La percepción siempre está supeditada en los esquemas del sujeto, incluso en el estadio sensorio motriz, donde los esquemas están construidos por sistemas perceptivos y motores solamente; pero su relevancia para el desarrollo de las estructuras va en decaimiento conforme avanza la edad del sujeto, lo que nos indica que su participación en la adaptación se reduce.

El espacio es una de las categorías que Piaget seguirá en su evolución, a lo largo del camino que recorrerá el sujeto epistémico, desde el egocentrismo (centramiento) hacia el descentramiento. Para este autor la construcción de esta noción es un índice del desarrollo del conocimiento válido.

Piaget sostiene que el niño construye una representación geométrica del espacio con suma lentitud y que para poder determinar sus primeras percepciones e ideas rudimentarias de relaciones espaciales, debemos recurrir a la rama de la matemática conocida como “topología”. Son las primeras percepciones del niño, que explora los agujeros, las ranuras, la cavidad de su tasa, lo que le permitirá ir accediendo paulatinamente a la tercera dimensión y a tener la noción de relieve y de profundidad.

La lógica es para Jean Piaget el límite al que se ciñe la percepción, a pesar de que la considera una de las forma de adaptación del ser humano, no tiene el nivel de la inteligencia, la define como evolutivamente subordinada y estructuralmente inferior.

Referencias:
Flavell, H. John (1985) La Psicología Evolutiva de Jean Piaget, Paidós, España
Piaget, Jean (1970) Naturaleza y Métodos de la Epistemología, Proteo, España
Piaget, Jean (1978) El Desarrollo de la Noción de tiempo en el Niño, FCE, México
Piaget, Jean (1978) La Formación del Símbolo en el Niño, FCE, México

lunes, 19 de mayo de 2008

El Mercado en México: La cultura viva.


Dr.Francisco Morales Zepeda

El mercado es la principal forma de distribución de las mercancías en México, tiene su origen en las formas prehispánicas de comercialización en las distintas ciudades-estado que se erigieron en todo el territorio de Aridoamérica y Mesoamérica, transformándose durante la conquista y la colonia, de espacios muy parecidos a los tianguis en los actuales establecimientos techados y con distintos accesos y salidas, en los que se concentran espacios específicos de comercialización de productos como flores, comida, abarrotes, aves, pescado, carnes, tlapalería o ferretería, entre otros.

No podemos hablar de una sola época “dorada” de los mercados en México, porque el mercado ha tenido varios momentos históricos tanto en su aspecto físico como en la manera en que son distribuidas de las mercancías en su interior.

Los mercados son representativos de nuestra forma de organización social, nos permiten valorar la “salud” de nuestra cultura a partir de su presencia y extensión, así como el número de intercambios comerciales y el entramado social que subsiste de ellos.

El mercado es un espacio organizado para el comercio, la comida y la bebida de sus comensales, hay algunos que están organizados para giros muy específicos como el mercado de muebles de Lagunilla en el DF, el mercado de especias y hierbas de Sonora también en el mismo distrito federal, o el mercado de la plata en Tasco; otros mercados en cambio, son “multifacéticos”, como los mercado de Cholula en Puebla.

La organización de los mercados actualmente está regulada por los Ayuntamientos Municipales, en muchos de los cuales hay oficinas específicas para definir y operar la política de mercados del municipio, lo que incluso lleva a que se les ponga el apellido de “Mercado Municipal”.

La ruptura cultural que está viviendo el país, producto del modelo capitalista de libre mercado, está condenando a la desaparición a muchos mercados tradicionales de México, sobre todo, aquellos que tienen un menor arraigo popular, o en aquellas poblaciones donde el proceso de marginación se encuentra acompañado con una urbanización de primera generación.

El concepto de plaza comercial ha desplazado al mercado para las nuevas generaciones, esto no ha sido obra de la casualidad, se realizaron en México, en los años 90`s, enormes campañas publicitarias con cientos de miles de dólares de respaldo para presentar a los mercados como lugares insalubres en los cuales se venden mercancías de dudosa calidad y en los que además no existe seguridad ni salubridad.

En el país contrastan las regiones en las que los mercados públicos han logrado conservar los colores y los olores, manteniendo a sus clientes tradicionales e incluso incrementando las personas que los visitan, los que lo han logrado, lejos de lo que podríamos supones son aquellos que no han cambiado el “concepto” de mercado, por el contrario, han incrementado su mexicanidad, es decir, el folklore en sus pasillos y establecimientos, por lo que podemos decir que los mercados que han sobrevivir gozan de cabal salud.

Uno de los aspectos que condenan a una vida incierta a los mercados municipales, es el desplazamiento espacial del comercio las regiones urbanas, esta continua modificación de las pautas espaciales de consumo de la población se expresa en el caso de México en la caída del centro de la ciudad como expresión del espacio de consumo su población, el surgimiento de nuevos centros o centros intermedios que difuminan a la ciudad para convertirla en una “ciudad difusa”, sobre todo en las ciudades medias y grandes; lo que obliga a repensar el concepto de mercado, no en su carga cultural pero sí en su distribución espacial interna.

La percepción del mercado como un espacio fuera de la “modernidad”, es sinónimo de la pérdida de identidad para un mexicano y una prueba contundente de la debilidad a la que puede llegar nuestra cultura frente a la aculturación mediática que nos condiciona a una vida más “practica” e impersonal del “supermercado”.

La comercialización y el consumo de mercancías basados en los modelos occidentales de consumo llevan a la población de esta región del mundo a adoptar alimentos y mercancías cada vez más sintéticos. En el caso de México, al ser nuestra cultura deliberadamente marginada de los circuitos de intercambio de mercancías, se nos ha obligado a incorporar productos que lejos de asegurarnos los mínimos nutrientes nos condenan a dietas que no sólo malnutren, lo que es peor aún, a bajos niveles culturales como producto de entornos cada vez más individualizados y por lo tanto con una menor interacción social.

El supermercado, epicentro de la sociedad posmoderna son las nuevas catedrales de la cultura de lo desechable y el ocio, espacios bastante bien dibujados en el Ensayo Sobre la Ceguera de José Saramago, en los que se combina la impersonalidad con el fetichismo propio de las mercancías, escenarios para los que la cultura es también una pieza del aparador.

Los mercados sobreviven en el país, aún a pesar del abandono de este tipo de modelo de comercialización, producto de las políticas públicas implementadas desde la década de 1980 en México; los mercados municipales insisten en mantenerse, porque son el resultado de siglos de organización del espacio cultural de los mexicanos.

Estar en un mercado típico en México, como lo es el de la Merced por ejemplo, nos permite entrar de lleno a la cultura del país, nos coloca en el epicentro de un espacio cultural en el que podemos observarnos a nosotros mismos, este mercado que data de la década de 1950 tienen su antecedente en el siglo XIX cuando se instalo por primera vez en 1863 cambiando de lugar en distintos momentos de su historia.

El aroma de un mercado se queda impreso de manera indeleble en la psique de quien ha contemplado las expresiones de los que comercian y compran en ellos, sus personajes y pregoneros se repiten en toda la geografía del país.

Al paso de los años y una vez que hemos visto las consecuencias de los alimentos procesados y sus conservadores, el mercado resurge como un entorno en el que podemos volver a encontrar los productos frescos y de primera mano que satisfagan nuestras necesidades, lamentablemente no es así en todos los casos, y muchos mercados adolecen ya de una etapa terminal, de la cual difícilmente podrán salir.

Sí de un espacio geográfico es responsable el municipio es de los mercados públicos, ahí es donde se debe actuar desde las políticas públicas municipales, manteniendo un entorno social en el que se consolida la identidad de la población y se establecen mecanismos de interacción social, por lo cual es necesario valorar de nueva cuenta al mercado como un entorno que nos permite pensar nuestra cultura.

Referencias
Legorreta, Jorge (1996) La Merced, rostro de la modernidad
urbanahttp://www.jornada.unam.mx/1996/12/22/legorreta.html (Consulta 15/05/08)
Saramago, José (1995) Ensayo Sobre la Ceguera, Alfaguara, España

martes, 13 de mayo de 2008

Redes Culturales en Ciudades Medias de México

Dr. Francisco Morales Zepeda

Las redes culturales son el entorno social que permite la internalización del capital cultural en la vida cotidiana, lo que garantiza al ser humano hacerse de las herramientas psicológicas por medio de las cuales conceptualiza el mundo, de ahí que toda sociedad que carezca de un entramado institucional que se responsabilice de la cultura no podrá garantizar bienestar a sus miembros.

En el anterior artículo hice una afirmación final en el sentido de la necesidad que desde gobierno se promueva la formación redes de ciudades medias, debo hacer dos precisiones al respecto, la primera, es para especificar de qué manera debe entenderse el desarrollo de la industria cultural en las redes de ciudades medias, y soy enfático en afirmar que debe ser fuera de la perspectiva de la enajenación que envuelve a este concepto desde la perspectiva de la escuela de Frankfurt, considerando que no es posible pensar en proceso de la cultura como una actividad en la “línea de producción” aún con toda la carga rustica que hoy tiene el concepto en contexto del capitalismo del libre mercado; un segundo aspecto, es precisar qué tipo de redes de ciudades medias son a las que me refiero, y son básicamente un tipo especifico de redes institucionales, las redes culturales.

Tomando en cuenta los dos puntos que he expresado en el párrafo anterior, es pertinente decirles que no es una tarea sencilla definir a las redes de ciudades medias, pero partamos de considerar que estas deben ser pensadas siempre en un sentido de una interacción social que deriven en convenios, acuerdos y encuentros, y no al revés, es decir, en una expresión simbólica de la realidad más que en el de una coordinación territorial de las actividades productivas de las distintas ciudades.

En este punto, cabe preguntarnos ¿Por qué considerar a la cultura cómo el eje rector de una red espacialmente definida en las ciudades medias en México? La respuesta a esta pregunta se puede dar a partir de considerar que la cultura no es la simple acumulación de conocimientos o costumbres por las distintas sociedades del mudo, la cultura es además y principalmente el escenario del que se desprende nuestra significación del mundo (Geertz, 2006).

El estudio de las redes culturales debe abordarse desde la geografía, la economía, el turismo, la gestión cultural, la planeación urbana y las redes sociales; pero para no caer en las respuesta aisladas de estas disciplinas o en el juego ecléctico de lo interdisciplinario, es necesario, que hagamos un esfuerzo interparadigmático para delimitar cada una las categorías de los paradigmas expresados en cada disciplina para encontrar puntos de intersección entre estos campos de conocimiento si es que deseamos abordar las redes culturales, sus implicaciones en el territorio, y por tanto, el espacio que conforman en las ciudades medias.

Las disciplinas por sí mismas no bastan para explicar la realidad, se hace necesario trascender los discursos que se quedan en el plano de la acumulación de los conceptos, de ahí que para entender, desde lo interparadigmático, las redes de ciudades medias como redes culturales es necesario ante todo estar atento a las interpretaciones que desde el conocimiento nos permiten hacer generalizaciones de la realidad que nos circunda.

Así, por ejemplo, mientras que la planeación urbana nos hablará de la distribución de las actividades y las formas de orientar desde las políticas catastrales, así como, las condiciones en las que se desarrollara el usufructo del espacio urbano; la geografía nos narrara la morfología y distribución de de los espacios en los que interacciona la cultura en el territorio.

Visto desde la óptica de los paradigmas, las Redes Culturales se nos desvelan como un aspecto que va más allá de una voluntad de la gestión; son en todo caso un esfuerzo permanente por darle valor a los aspectos socioculturales y sociohistóricos de los entornos urbanos de las ciudades medias del país, lo que de ninguna manera se desarrollará por una mera intención particular.

Ahora mismo en las distintas las regiones socioeconómicas de México se están conformando “redes de ciudades”, basadas en lo que en su momento se considero como la funcionalidad de las regiones (Bassols, 1979), es decir, en las relaciones de producción que se establecen entre los distintos centros urbanos, un aspecto que es importante, pero que en la actual distribución espacial del capital no basta para asegurar el desarrollo.

La puesta en marcha del desarrollo regional desde las redes de ciudades medias no puede ser pensada sin la cultura y su principal activo el Capital Cultural (Bordieu, 1988), entendido este, como aquel que se adquiere producto de la convivencia continua con los espacios de legitimación cultural y que pueden ser sancionados o no por el contexto escolar.

Es a través del capital cultural como la sociedad media su relación con el mundo, a partir de la permanente enseñanza y aprendizaje de herramientas de descontextualización y generalización, es decir, de la internalización de significados con los cuales cada miembro de una cultura conceptualiza sus actividades cotidianas, un aspecto indispensable para el ejercicio de la contemplación.

Las ofertas culturales para la población en las redes culturales en las ciudades medias, hacen necesario que se favorezca no sólo la interacción entre los programas culturales de los distintos centro urbanos, es preciso contar además, con un sentido de apertura para los visitantes orientando a la ciudad para que exista un potencial turístico autentico, y esto es lo más difícil, porque no se expresa en una paisaje prefabricado, es por el contrario, el producto del desarrollo histórico propio de cada una de las ciudades medias lo que permite que exista un juego entre la contemplación y la interacción con el espacio, para convertirse en espacio vivencial.

Las redes culturales entendidas desde el capital cultural trascienden la concepción de la cultura como un elemento de distinción, para convertirse en el disfrute pleno de la contemplación por la sociedad, un espacio vivencial en el que pueden participar todos, desde sus aportes cotidianos, porque el desarrollo económico y humano, van de la mano con la educación informal de la sociedad y no necesariamente es sancionado por el entorno escolarizado.

No se trata de encontrar en las redes culturales un conflicto de clase, en todo caso son las actuales políticas públicas que se aplican para promover la cultura en México las que legitiman “las contradicciones culturales del capitalismo”, si me permiten usar el título del libro de Daniel Bell; por el contrario, vemos en las redes culturales la necesidad de una política cultural que se detenga a pensar en cómo trascender una cultura como sinónimo de fetichismo, como la mercancía.

Las redes culturales se constituyen a partir de entender que los procesos sociales, son procesos de interacción semiótica, es decir, de comunicación mediados por símbolos, y es en el trabajo con lo significados culturales en los que encuentran su fundamento en las ciudades medias porque están pensadas para internalizar el capital cultural en un espacio social en el que siempre existe una permanente desurbanización.

Referencias:
Bassols, Batalla Ángel (1979) México: La Formación de Regiones Económicas, UNAM, México.
Bordieu, Pierre (1988) La distinción. Taurus: Madrid.
Bordieu, Pierre (1999) "El espacio para los puntos de vista", Revista Proposiciones, núm. 29: Historias y relatos de vida. Investigación y práctica en las ciencias sociales, Santiago de Chile, Ediciones Sur, pp. 12-14.
García, Canclini Néstor, (1987) Políticas culturales en América Latina, Grijalbo, México.
Geertz, Clifford (1994) Conocimiento Local. Ensayos Sobre la Interpretación de las Culturas, Gedisa, España
Geertz, Clifford (2006) La Interpretación de las Culturas, Geertz, Clifford
Zamorano, Camiro Sergio (2006) Pierre Bordieu o la Crítica Social del Neoliberalismo. Espacios Públicos, febrero, año/vol. 9 Nº 17, http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/676/67601718.pdf Consulta (9/05/08)
Cultural policy of Hungary, prepared by Peter Inkei http://www.culturalpolicies.net/web/index.php Consulta (9/05/08)




miércoles, 7 de mayo de 2008

Ciudades Medias e Industria Cultural en México.

Dr. Francisco Morales Zepeda

La cultura es un producto intangible que se materializa en bienes de consumo, esta expresión la relaciona profundamente con economía. La transmutación de la cultura en un bien de uso y de cambio la coloca bajo las leyes del mercado, con todas las implicaciones que una mercancía tiene en la sociedad, no sólo en la ley de la oferta y la demanda, además como fetiche y estereotipo de distinción.

La cultura en el espacio geográfico confluye con las sensaciones como mercado emergente en el capitalismo flexible (Constenla, 2002), es ahí donde el concepto “Industria Cultural” acuñado por la escuela de Frankfurt (principalmente Theodor W. Adorno, Max Horkheimer y Walter Benjamin) cobra sentido para hablar de las consecuencia de la alienación de los bienes culturales en las sociedades dependientes de los grandes centros de producción de los estereotipos mundiales.

La cultura como bien espacialmente definido es cuestionada por las formas de producción posindustrial (Bell, 2001), modelo que al mismo tiempo que universaliza los bienes culturales genera el fenómeno de la homogenización de los estereotipos, lo que da pie a la resistencia de las culturas locales y nacionales ante la hegemonía de las sensaciones transmitidas en los medios masivo de comunicación.

La homogenización de los estereotipos “confronta” al centro y la periferia al buscar definir el peso real y especifico de cada uno de estos extremos de la distribución del capital en la producción de la industria cultural, este enfrentamiento no se da únicamente entre los centros urbanos financieros e industrial del mundo, también se presenta en una escala nacional y regional entre los las ciudades grandes y las intermedias.

Los bienes culturales que se producen en los centros urbanos se difunden en todo el mundo y orientan los estilos de consumo de la población, así como los cánones de conducta de las sociedades, por lo que no es de extrañar que las llamadas culturas nacionales se consideren amenazadas.

En México el espacio en el que se produce la mayor parte de los bienes culturales está definido en gran medida por los grandes centros urbanos del país, en cuyo entorno se producen o comercializan las mercancías que definen la tendencia de consumo de los bienes culturales, mientras que las ciudades medias o intermedias entran en un permanente conflicto entre la aculturación y resistencia.

Las ciudades medias de México de acuerdo con la clasificación de CONAPO (Consejo Nacional para la Población) son aquellas que cuentan con una población de 100 mil a un millón de habitantes, lo que nos indica que en el país para el año 2000 había por lo menos 71 ciudades que cumplen con esta característica.

La ciudad media es el espacio urbano en el que la producción de la industria cultural cuenta con las condiciones menos propicias para su desarrollo fuera del marco institucional, es decir, su presencia es incipiente al margen de los apoyos gubernamentales destinados a actividades culturales, una de las razones que determinan esta situación es que es poco común que la población que habita estas ciudades aprecie estos bienes de consumo cultural.

La condición urbana en la que están inmersas las ciudades medias del país nos indica la necesidad de contar con nuevas modalidades de esparcimiento para su población, cuyos orígenes son muy diversos, pero es difícil conjugar migración interna, educación y disfrute de la cultura.

La permanente migración interna de las zonas rurales a las urbanas es una fuerte presión sobre los servicios públicos y el espacio urbano de las ciudades medias, lo que genera que se presenten serios problemas para el disfrute de los espacios públicos ante una permanente “desurbanización” de la ciudad.

En las ciudades medias la “cultura urbana" no termina de anclarse en la geografía de la ciudades porque existe una permanente definición de las zonas periurbanas, siempre son cambiantes, siempre en crecimiento, donde los nuevos asentamientos reclama el que se desarrollen nuevos espacios de disfrute de los bienes culturales.

Si a la necesidad imperante de la producción de “bienes culturales” en las ciudades medias, aunamos la poca presencia de una cultura urbana endógena, nos encontramos con una realidad que no alcanza a neutralizar o incorporar los bienes culturales que se producen en los grandes centros urbanos del país a partir de una mirada de identidad. Podemos ver así como la cultura en las ciudades medias se expresa en un escenario de conclave (aislado) en el que las políticas culturales son poco eficaces.

El desarrollo de la industria cultural en las ciudades medias de México no sólo se van a generar por los recursos económicos destinados con este fin, es necesario además, comenzar a pensar en cómo llevar adelante nuevas formas de difusión de la cultura desde lo local, enfocando las políticas públicas que desde el gobierno se promueven en cada entidades federativas para que se apoye la formación de un conjunto de “redes de ciudades medias” en las distintas regiones geoeconómicas del país.

Referencias
Bell, Daniel (2001) El advenimiento de la sociedad post-industrial, Alianza, España
Constenla Vega Xosé (2002) Geografía Cultural y la Geografía Cultural de la Industria Cultural en la Posmodernidad Flexible. Boletin de la AGE Nº 34 pp. 257-267.
Yúdice George (2002) Las industrias culturales: más allá de la lógica puramente económica, el aporte social, http://www.oei.es/pensariberoamerica/ric01a02.htm (30/04/08)
JUAREZ-NERI, Víctor Manuel (2008) Globalización económica, pobreza y desigualdad territorial en México: 1980-2005 XI Jornadas de Economía Crítica, Bilbao, 27,28 y 29 de marzo http://www.ucm.es/info/ec/ecocri/cas/Juarez_Neri.pdf (2/05/08)

viernes, 28 de marzo de 2008

REDES INSTITUCIONALES Y ESPACIO GEOGRÁFICO: PAUTAS EN EL DESARROLLO REGIONAL DE LA AGRICULTURA EN SINALOA, MÉXICO

INSTITUTIONALS NETWORKS AND GEOGRAPHIC SPACE: GUIDELINE IN THE REGIONAL DEVELOPMENT OF THE AGRICULTURE IN SINALOA, MÉXICO.
Dr. Francisco Morales Zepeda


Resumen:
Las innovaciones de proceso y de producto no se desarrollan en escenarios aislados del contexto social, la tendencia a la formación de redes institucionales es condición sin ecuanon para la competitividad de los sectores productivos en las economías de mercado abierto, lo que reclama del sector agrícola de Sinaloa, México una planificación orientada a la articulación de dichas redes con el fin de incorporar efectivamente los nuevos conocimientos y asegurar con ello su competitividad.
Abstract:
The process and product innovations do not develop in isolation from the social context, the tendency to form institutional networks is a sin equanon (something that always happens) condition for the productive sector’s competitiveness in open market economies. This demands a well oriented, and well planned articulation between this nets and the agricultural sector of Sinaloa, Mexico that include the clear objective of effectively incorporating new knowledge, assuring, thorough this objective, it’s competitiveness.
Palabras Clave: Redes Institucionales, Espacio agrario e innovación tecnológica

Key Words: Institutional Network, Agricola space and technological innovation

Pautas de Organización del Espacio Agrario en Sinaloa

La evolución del espacio agrario en Sinaloa, México no está determinado sólo por la incorporación de nuevas tecnologías en la agricultura, también depende del soporte que le da el tejido social (productores, agricultores, campesinos y estado) al uso de las innovaciones tecnológicas; ambos aspectos se combinan para definir el dinamismo del sector y las condiciones de desarrollo del mismo, el presente ensayo busca encontrar las pautas en el devenir histórico, económico y cultural que desde la agricultura han influido en el desarrollo regional del espacio geográfico de Sinaloa.

La agricultura en Sinaloa ha presentado a lo largo de su historia cinco etapas de evolución: la Primera, que se remonta los primeros pobladores del territorio, quienes sembraban en las márgenes de los ríos, usando para ello las avenidas anuales de los ríos; una Segunda etapa, inaugurada por la colonia en el siglo XVII cuando los padres jesuitas implementaron y desarrollaron los primeros sistemas de riego a través de canales para la siembra de huertos; una

Tercera etapa, que despunta a finales del siglo XIX y principios del XX comienza con la siembra de la caña de azúcar, para lo cual se construyen los primeros grandes canales de riego en el norte y centro del estado; una Cuarta etapa, se presenta a partir de la agricultura de exportación (horticultura principalmente) a principio del siglo XX, con la exportación de hortalizas a los EEUU, etapa que se inscribe en la implementación mundial de la “revolución verde” en el campo; y a partir del año 2006, con la instalación de plantas para la producción de etanol (“Biodiesel”), se presenta, de manera incipiente, lo que podemos definir como una Quinta etapa en el espacio agrícola del estado, esta vez “biotecnológica”, en la que se vislumbran las bases de una proceso tecnobiológico, que combina una fuerte tecnificación con la modificación de las variedades a partir de la manipulación genética.

El desarrollo de la agricultura en Sinaloa no está desligado del mercado agrícola mundial y las innovaciones tecnológicas. Los agricultores del estado, han estado desde el inicio de la actividad, vinculados al mercado de EEUU, lo que los ha obligado a introducir las técnicas de cultivo norteamericanas (extensivas y altamente tecnificadas), de esta manera que la tendencia actual en la evolución del espacio agrario de Sinaloa, al igual que en Estados Unidos, es la incorporación de las innovaciones derivadas, la Biología Molecular y la ingeniería genética, específicamente, las aplicaciones de la biotecnología vegetal para el mejoramiento de variedades (Organismo Genéticamente Modificados, OGM).

Los OGM se incorpora de manera acelerada en el sector agrícola Sinaloense, las nuevas variedades de granos, oleaginosas, frutas y hortalizas; no sólo son más resistentes a plagas o cambios climáticos, también están orientadas a nichos de mercado específicos: tomates con menor tiempo de cocción, o mayor firmeza, pepinillos con mejor sabor, pimientos con más aroma.
Mientras el debate en torno a los OGM en los círculos académicos y en la sociedad se agudiza, en el campo sinaloense es el rendimiento por hectárea y la ganancia lo que está inclinando la balanza a favor de la introducción de las nuevas variedades a la agricultura del estado, al mimo tiempo se ahogan por la vía de los hechos las iniciativas que promueven la agricultura ecológica que se basa en una mayor racionalidad y respeto al ambiente.

La aplicación de la biotecnología en la agricultura se inicia con los OGM variedades de maíz, arroz, papas, que son las primeras plantas modificadas con manipulación de la información genética de sus células, incorporándose posteriormente a la aplicación de la biotecnología en el estudio del mapa genético humano y en la clonación de tejido animal y humano. La biotecnología destaca el papel que los genes tienen en la definición celular que caracteriza a los organismos vivos y la posibilidad de manipularlos por el ser humano.

Las transformaciones en el sector agrícola al incorporarse la biotecnología se expresan en las nuevas variedades de granos, frutas y hortalizas, y de forma más sutil en la organización del propio sector, a partir la gestión de la tecnología, en el tratamiento de las nuevas variedades en el laboratorio y en la organización de la producción, aspectos de la cadena productiva y de valor, en las que los estudios de las necesidades del mercado actúan como guía de la producción agrícola en el campo.

La biotecnología vegetal es parte de la Tercera Revolución Científico Tecnológica (Storper, 1998, A. J. Scott, 2000), que incluye a los superconductores y la electrónica, y para algunos (Rifkin, 2002) también la nanotecnología; esta revolución comienza a gestarse a partir de la segunda mitad de los años 70’s del siglo XX, y se expande en la siguiente década, llevando a algunos sociólogos a afirmar, ante esta revolución (donde las comunicaciones son punteras) que nos encontramos ante una nueva estructura social, para algunos posindustrial (Daniel Bell, 1986) y para otros, - recuperando el concepto de la arquitectura -, la posmoderna (Habermass, 2002), época que se caracteriza por una estructura social basada en la información y la flexibilización de la producción, donde la comunicación juega un papel destacado en la acumulación del capital social.

Los estudios sociológicos de las décadas de los años 80´s y los 90´s del siglo pasado, se concertaron en esfuerzos de interpretación del impacto de la Tercera Revolución Científico Tecnológica (TRCT) con las pautas de conducta de las sociedades urbanizadas y en la organización de la llamada Industria de Alta tecnología, porque los primeros desarrollos de la electrónica se presentaron en las comunicaciones y en los equipos de información (Radio, televisión, computadoras), acelerando y ampliando la capacidad de manejo de información en una
sociedad altamente concentrada en las zonas urbanas.

La aplicación de la biotecnología vegetal a la agricultura modifica lo que comemos, al tiempo que cambia la forma en que se organiza el trabajo en el campo, de ahí que se requiera de nuevas categorías para intervenir en el análisis de lo rural, categorías conceptuales que deben comenzar por cuestionar la visión de atraso con el que se etiquetó al espacio rural por los estudios promovidos desde la sociología y la economía durante la década de 1960.

El papel que está jugando la biotecnología vegetal en la modificación del espacio agrario de Sinaloa se expresa en la incorporación del cambio tecnológico que requiere la promoción de la interacción estrecha entre los centros de IyD (Investigación y Desarrollo), los productores, las universidades y los órganos de gobierno (relación triple hélice) para establecer políticas públicas que permitan generar redes institucionales, las cuales, en el caso de la agricultura, requieren tanto de conocimientos especializados del sector agrícola como de un tejido social en el que se internalicen las innovaciones.

Los Valles Agrícolas de Sinaloa: Un repaso Histórico

Los valles agrícolas de Sinaloa cubren una superficie agrícola de 1.469.433 hectáreas, contabilizando tanto la agricultura bajo riego como la de temporal, en esta superficie se cultivan: granos, oleaginosas, frutas y hortalizas; se organizaron a partir de los distritos de riego en de la década de 1930 cuando se impulso la construcción los canales principales de irrigación en el centro del estado.

Desde los Años 30’s el espacio geográfico sinaloense quedó marcado por la actividad Agrícola, la apertura de las tierras de riego en el estado determinó la vocación de los valles en el norte y en el centro en las posteriores décadas del siglo XX, en tanto que el sur del estado se orientó, por su clima tropical, derivado del paso del trópico de Cáncer a la explotación turística y el cultivo de frutales.

Los valles agrícolas de Sinaloa contaban para el año 2002 con una distribución de norte a sur en el estado de la siguiente manera: El valle de “El Fuerte” con 336.863 has, el valle de “Guasave” con 264.187 has, el Valle de “Guamúchil” 191.391, el valle de “Culiacán” 333.114 has, el valle de “La Cruz” con 190.333 has, y el valle de “Mazatlán” 153.555 has; este último en un proceso de incorporación al sistema hidroagrícola del estado con la construcción de la presa “Picachos”.

A lo largo de la historia de estado, se han presentado cambios en la frontera agrícola, producto de la implementación de nuevas técnicas de cultivo en el campo, lo que ha permitido incorporar de manera permanente hectáreas a la agricultura bajo irrigación. Sinaloa no está excluido de la organización del espacio geográfico impuesto al campo por el desarrollo capitalista en el mundo, prueba de ello, es la introducción de las “revoluciones” agrícolas en el sector agrícola, mismas que han influido de manera importante en la distribución de las parcelas y en la evolución de los sistemas de riego.

El modelo de industrialización basado en la sustitución de importaciones (1950-1980) inaugurado con el gobierno de Ruíz Cortinez aprovechó las secuelas de la conflagración mundial para continuar la incorporación de la industria alimenticia norteamericana al territorio nacional.
El modelo de sustitución de importaciones coincide con el crecimiento de las grandes superficies agrícolas bajo riego en el estado de Sinaloa y la consolidación de la transferencia de tecnología derivada de la revolución verde a los valles del estado.

En la década de 1960 se presenta en México la intención de establecer “polos de desarrollo”, algunos basados en la industria manufacturera y otros en el turismo. Se desarrollan así los grandes proyectos siderúrgicos del estado de Nuevo León y Jalisco, junto a los proyectos turísticos de los estados de Guerrero y Yucatán, basados en una política de llevar inversiones a los territorios que contaran con una “vocación” productiva especifica y en los que las inversiones representaran ganancias para los inversionistas nacionales y extranjeros.

“En México, generalmente las políticas monetarias, fiscales, comerciales y laborales han estado destinadas a incitar a la comunidad que se dedica a los negocios, para que ahorre e invierta en el mercado nacional proporciones crecientes de sus utilidades que van en aumento; pero estas mismas políticas, aplicadas en forma eficaz para acelerar el crecimiento, han tendido a provocar --o cuando menos a reforzar- una pauta muy inequitativa en la distribución del ingreso.” (Hansen, 1971)

Al periodo de esplendor de 1940 a 1960, se le conoció con el nombre del “Milagro Mexicano”, buscando emular en el discurso político el despegue que se presentó en la economía alemana después de la Segunda Guerra Mundial; pero el caso de México, lejos de establecer un desarrollo basado en la generación de riqueza, ésta se acumulo con base en la explotación irracional de los recursos naturales del país y en una política de bajos salarios para los trabajadores, generando condiciones de gran inequidad en el país.

Las décadas que siguieron al Gobierno de Lázaro Cárdenas se caracterizaron por profundas crisis políticas entre el gobierno y distintos sectores sociales, así tenemos la huelga de los Médicos de 1958, la de los Ferrocarrileros de 1965, llegando al movimiento Estudiantil-Popular de 1968 y los levantamientos guerrilleros de la década de 1970.

En el modelo estabilizador (1970-1980), la política gubernamental se basó, cada vez más, en la explotación de las tierras agrícolas como fuente de materia prima para la industria en el país, lo que trajo como consecuencia que se genera una fuerte tecnificación en el campo, la concentración de la tierra y la emigración de grandes flujos de mano de obra campesina a los centros urbanos del país.

Mientras se presentaba el cambio en el modelo económico del país de la sustitución de importaciones, al modelo estabilizador en el estado de Sinaloa, durante las décadas de 1960 y 1970 consolidaba su “vocación” como estado agroexportador con la introducción de variedades hibridas del “paquete tecnológico” de la “revolución verde”, lo que implicó el aumento en los rendimientos por hectárea y una secuela de contaminación por el uso inmoderado de pesticidas y fungicidas.

Estas décadas coinciden con el crecimiento explosivo de los centros urbanos, la ciudad de México, Monterrey y Guadalajara crecen de una manera exponencial; agudizándose con ello la especulación inmobiliaria y la desigualdad en la distribución del ingreso de los mexicanos.

Durante el sexenio de Luis Echeverría (1970-1976) se organizó en todo el noroeste de México (Sonora, Baja California, Baja California Sur, Sinaloa y Nayarit) movimientos de ejidatarios exigiendo el reparto agrario, lo que derivó en la formación de nuevos ejidos y la ampliación de la superficie agrícola, en el caso se Sinaloa, se amplió la superficie bajo riego en los valles del estado.

La crisis económica de 1982, al finalizar el sexenio de López Portillo, se presentó tras la enorme acumulación de riqueza derivada del conflicto petrolero de 1973 entre los EEUU y los países árabes, la cual, después de ser capitalizada por México, no pudo ser traducida en la generación de fuentes productivas que aseguraran la industrialización del país.

Al concluir el sexenio de López Portillo, el país se encontraba ante condiciones de una crisis financiera de grandes magnitudes que llevó al país a tomar la decisión de impulsar un programa de reformas financieras, entre las que se incluyó la nacionalización de la banca mexicana.

La inauguración del modelo económico neoliberal en México se da en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), el cual inicia de manera unilateral la apertura de México al mercado internacional y la venta de industria paraestatal. El modelo neoliberal ha promovido por los círculos financieros y oficiales en el país desde 1980, ponderado con ahínco las agroindustrias y los agronegocios en el campo.

En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) las políticas neoliberales se profundizaron. Con el fin de llevar adelante la modernización del campo se decretó una nueva modificación al Artículo 27 constitucional en 1992, la que está caracterizada por la apertura comercial del país al mercado internacional en el marco de la firma del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (México, Canadá y EEUU) en 1994, el cual prevé dejar atrás las medidas arancelarias que restringen las entradas de productos a los mercados de los tres países firmantes en al año 2008.

El modelo neoliberal en la agricultura se ha basado en una política de descentralización de la actividad de administración del estado para quedar concentrada en manos de particulares, tomando medidas administrativas como lo fue en 1992 el traspasó de la responsabilidad de la administración de los Distritos de Riego a los productores agrícolas a partir de la modificación de las leyes en la materia.

El proyecto neoliberal ha significado para Sinaloa un cambio en las pautas de los cultivos y en la tenencia de la tierra, generalizándose el rentismo y la venta de tierras ejidales a particulares, lo que trae consigo una nueva concentración de la tierra en manos de grandes propietarios. La entrada de las tierras ejidales al régimen de la propiedad privada ha permitido que se presente la siembra de grandes extensiones de tierras (1.000 a 5.000 has) con un solo cultivo agrícola que le permite transformar el paisaje rural del espacio geográfico de Sinaloa. Esta tendencia al monocultivo en la agricultura de Sinaloa se acentúa con la entrada de plantas para la producción de biocombustibles (etanol) en los valles del estado.

Redes Institucionales

El concepto de Red Institucional, se deriva de los estudios de redes sociales (Hanneman, 2000, Molina, 2001, 2007; Vélez, 2008) que se centran en los estudios de redes personales y egocéntricas, las primeras producto de la interacción entre seres humanos independientemente del territorio en el que se desarrollan; mientras que en las segundas el territorio juega un papel importante en su organización y morfología.

Las redes sociales (personales y de capital social o egocéntricas) son el contexto social ordinario en el que se desarrollan las relaciones humanas, están sustentadas en la cultura de los pueblos, su amplitud y niveles de interacción depende de las condiciones materiales en las que se desarrollan dichas redes.

“La corriente de redes sociales como abordaje metodológico permite la confluencia de otro sector importante de la teoría que propone describir y graficar las relaciones sociales que construyen o impiden el surgimiento de una economía basada en el conocimiento. Las principales preocupaciones de esta corriente han sido las relaciones ínterorganizacionales, las redes de políticas públicas (policy networks Rhodes y Marsh 1995, entre otros), redes de innovación (knowledge or innovation networks, Casas 2001), Actor-Network Theory (Law:1999) y las redes que se configuran a partir del capital social (Burt 2000, Lazega:2004). Estas estructuras fotografiadas a partir de la graficación de las relaciones, permiten describir trayectorias de los actores, sus interacciones en términos de intercambio de recursos entre las organizaciones, y los lazos interpersonales de afecto y confianza entre los sujetos o relaciones de poder en las que se involucran sujetos y objetos (Actor-Network Theory).” (Vélez Cuartas, Gabriel, 2008)

En nuestro caso, el concepto de redes institucionales se aplica para definir el proceso de evolución de la complejidad histórica de la sociedad; las redes institucionales no pueden trasladarse denominativamente de un espacio geográfico a otro, por lo que no es posible encontrar estructuras (morfología) institucionales que cuenten con la capacidad de formar nodos para la incorporación de redes en el capitalismo tardío; de hecho las redes institucionales son una forma de dimensionar el desarrollo de una sociedad, toda vez que una de sus principales características es que son endógenas.

Considero importante enfatizar que la interacción que se establece en cada actividad productiva, en su propio escenario de desarrollo, involucra necesariamente a un conjunto de dependencias gubernamentales, centros de investigación y productores, cuya interacción son la base en la que evolucionan las redes institucionales, concepto que permite estudiar las condiciones endógenas en las que se genera la vinculación entre los distintos factores que intervienen en el desarrollo regional: territorio, cultura, trabajo, capital, entre otros.

Uno de los aspectos centrales en las redes institucionales es la generación de capital social (Bourdieu, 1979), concepto que nos permite comprender las relaciones que se presentan en el territorio para el desarrollo de los espacios productivos. Las redes institucionales, son un concepto evaluador de los procesos de desarrollo del tejido social en su relación con su desarrollo político, económico y sociocultural, aspectos que son indivisibles de las condiciones de evolución del espacio geográfico.

Una de las características de las redes institucionales es que se desarrollan dentro de un contexto social específico, inmersas en una cultural que las reclama como forma de organización, es decir, no podemos hablar denominativamente de redes institucionales en sociedades que no cuentan con un intercambio elevado de relaciones (políticas, económicas y socioculturales).

En el momento en que una sociedad reclama mayores flujos de información (conocimiento), es imperativo estructurar redes institucionales, con la interacción entre instituciones, cuya condición principal es soportar la herencia cultural de la sociedad en la que se conforman. Las redes institucionales representan al tejido social en su condición de metaconciencia, en cuyo marco de referencia interactúan una amplia gama de redes sociales, cuya normalización está dada por las normas establecidas en las instituciones.

El incremento en la interacción económica en los procesos productivos, reclaman que se presenten transformaciones en la organización de las instituciones encargadas de gestionar la incorporación y el uso, no sólo de nuevas tecnologías en el territorio, también pautas de organización del espacio geográfico.

La condición germinal en las que se establece el desarrollo de las Redes Institucionales están presentes en las sociedades humanas -aún en su formas más incipientes-, desde el surgimiento de las primeras aldeas, no como un elemento al que inevitablemente habría de llegar toda sociedad, pero sí, como una trayectoria en la complejidad histórica al que las posibilidades de la evolución social coloca en el camino de la humanidad.

La evolución de las redes institucionales en la historia de las sociedades, está relacionada con los procesos culturales de las mismas, es decir, con los procesos inter e intrapsicológicos (L. S. Vygotsky, 2003) que permiten al ser humano apropiarse de los significados que le da la cultura a la cual pertenecen, y de ahí, también su complejidad histórica.

Con la intención de esquematizar la evolución de las redes institucionales, es factible considerar que éstas requieren de un basamento social en el que se presentan saltos cualitativos o “revolucionarios” que dan origen a una nueva etapa de desarrollo próximo. Los “saltos” son concéntricos en cada una de las fases del desarrollo de la sociedad.

Es posible entonces imaginar las distintas fases en las que se soporta el crecimiento de las redes institucionales como un todo histórico, en el que cada una de las fases precedentes habrá de definir la composición, cobertura y solidez de las que le continúan.

La TRCT está transformando las pautas de distribución del espacio agrario en Sinaloa, con la adopción por parte de los productores de maquinaria que permite acortar los tiempos de siembra, cosecha y empacado de los productos del campo, lo que a su vez permite una mayor automatización de la producción agrícola en el campo.

La organización del espacio geográfico, en el capitalismo en su etapa de economía abierta (economía de mercado) se presenta en una desintegración vertical y horizontal de la línea de producción de los procesos productivos, lo que trae como consecuencia un entorno de competencia en la subcontratación de los servicios.

Por definición las redes institucionales consideramos a un intricado conjunto de interacciones entre instituciones que se concreta en la coordinación de cada una de ellas para soportar el desarrollo económico y sociocultural en una escala regional.

La producción agrícola requiere cada vez más de mecanismos organizacionales que le permitan al productor gestionar la Ciencia y la Tecnología en función de escenarios prospectivos que tomen en cuenta las tendencias de desarrollo y técnicas de producción del sector agrícola, de ahí que el desarrollo de redes institucionales en las que la vinculación entre Centros de I+D (Investigación y Desarrollo), Universidad, agroindustria y gobierno se considera fundamental para la incorporación y desarrollo de la nuevas tecnologías, enfatizando en un mayor valor agregado para los productos que se comercializan en el mercado mundial. ¿Cómo se forman estas redes? ¿Por qué surgen en un ámbito territorial y en otro no?

Como hemos expresado en los párrafos anteriores, las redes institucionales no pueden ser trasladadas de un entorno geográfico a otro, su condición endógena es una condición sin ecuanon para que el tejido industrial “despegue” en un territorio.

El desarrollo científico y tecnológico de Sinaloa se ha caracterizado por la baja productividad industrial, con un producto interno bruto que se presenta en mayor porcentaje de los servicios, seguido por el sector primario y en menor medida por el sector secundario.

Es importante distinguir el concepto de red institucional de la llamada relación triple hélice (universidades, empresas y gobierno), las redes institucionales son órganos desarrollados en la interacción entre estructuras sociales heredadas históricamente por la sociedad a la que pertenecen y es difícil trasladarlas, mientras que los enlaces triple hélice (Etzkowitz y Leydesdorff, 1997) corresponden a formas de gestión del conocimiento, son formas de administración cuyo objetivo es organizar el desarrollo de estructuras de interacción entre los cuerpos científicos y las empresas para propiciar condiciones que favorezcan el desarrollo económico.

El concepto de Red Institucional nos permite adentrarnos en el desarrollo de un campo de conocimiento en el que el planteamiento metodológico interparadigmático, es decir, de interacción entre paradigmas de distintas disciplinas, se estructura a partir de las aportaciones de la economía institucional y el neoinstitucionalismo (Douglass, 1993; Rothstein, 1996); que considera a las instituciones como el entorno de negociación y decisión de los intereses sociales; así mismo, establece las condiciones psicológicas en las que se soporta la complejidad histórica de las redes institucionales, que cuentan con una base sociocultural e histórica que les permiten ser explicadas cabalmente desde la Ley de la Doble Formación de la teoría Sociocultural de Lev S. Vygotsky (2000), de la cual se derivan los conceptos de “zona de desarrollo real” y “zona de desarrollo próximo” con los que interactúan los individuos en un contexto sistémico, aspecto que nos permite retomar el concepto de límite de la teoría General de Sistemas de Niklas Luhmann (2002); que se relaciona así mismo con el proceso de incorporación de nuevas tecnologías a los procesos productivos, aspectos que es retomado por las explicaciones de los procesos tecno-científicos de Milton Santos (2000) y el contexto económico regional de Paul Krugman (1999).

La posibilidad de que se presente una vinculación amplia entre las instituciones en el espacio geográfico de Sinaloa está relacionada con la consolidación de una identidad productiva, es decir, con actores sociales (individuos y organizaciones) que pugnen por una estructura social en la que la normalización de las pautas de conducta estén mediadas por aspectos de índole legal e institucional.

North Douglass (1993) en su libro “Instituciones, cambio institucional y desempeño económico” otorga a la cultura el papel de definir las condiciones informales en las cuales encaramos y resolvemos los problemas, es decir, son las condiciones sociales en las que se toman decisiones.
“La consecuencia a largo plazo del procesamiento cultural de la información que está en la base de las limitaciones informales es lo que juega un papel importante en la forma incremental por medio de la cual las instituciones evolucionan y por consiguiente en una fuerte dependencia de la trayectoria”. Añadiendo, “Igualmente importante es el hecho de que las limitaciones informales derivadas culturalmente no cambiarán de inmediato como relación de las reglas formales, como resultado, la tensión de redes formales alteradas y limitaciones informales persistentes produce resultados que tienen consecuencias en la forma en que cambian las economías” (Douglass, 1993)

Las decisiones en una sociedad democrática se toman por conglomerados humanos que abarcan a un número cada vez mayor de individuos, lo que implica un incremento en la complejidad de las instituciones; las cuales son vistas, desde el institucionalismo económico como el espacio que enmarca la función de crear sinergias específicas para cada uno de los sectores de la economía y con ello impactar positivamente en el desarrollo de la sociedad.

Los aspectos que caracterizan a las instituciones, son en primer lugar, que sus funciones están delimitadas por estatutos legales (leyes, códigos, tradiciones), en segundo lugar, la escala de valores, entendidos éstos como la directriz cultural de las instituciones, y en tercer lugar, el más importante, que en las instituciones se entabla la comunicación con base a conceptos abstractos, signos y símbolos con un significado compartido por sus miembros, lo que permite que la estructura formada en un entorno institucional sea considerado parte de la herencia cultural de la sociedad.

Las instituciones son un conglomerado humano representativo de la “matriz cultural” a la que pertenece y que a la vez que impactan, son impactadas en la conformación del tejido social o milleu cultural en el que se desenvuelve la sociedad.

Considero a “la institución” una categoría con fortaleza epistemológica para establecer una medida de desarrollo de una sociedad, al tomar como punto de partida para esa tabulación la eficiencia que los miembros de la misma tienen en el manejo de la complejidad histórica, a través de lo que Niklas Luhmann (1996) define como la reducción de la incertidumbre en la toma de decisiones.

La temporalidad del desarrollo se encuentra definida por una permanente toma decisiones, en condiciones de cambio perenne, en las sociedades modernas se requiere de instituciones con un conglomerados humanos calificados y de un entorno cultural que posibilite la permanente rotación de la pirámide de poder en las instituciones, aspectos que son el principal obstáculo en las sociedades subdesarrolladas de América Latina.

Abordar el papel de las redes institucionales como soporte de la transformación del espacio agrícola implica la conformación, no sólo de una metodología que permita obtener con objetividad los datos empíricos para medirlo, también y de una forma que considero más importante, conformar un marco teórico para emprender la tarea de analizar el desarrollo como un objeto complejo del conocimiento, es decir, el desarrollo es una área de conocimiento donde confluyen varios objetos de estudio de distintas ciencias sociales, pero no por ello el conjunto de los paradigmas que constituyen a cada una de las disciplinas que concurren en el estudio de este campo de conocimiento.

El soporte para la formación de las redes institucionales se encuentra en la cultural. La sociedad se “desdobla” históricamente, es decir, presenta una evolución semiótica (conceptual), una condición que se explica a partir del papel de la mediación que tiene el lenguaje y el pensamiento como guía de las actividades productivas en el uso de las nuevas tecnologías, insistimos en el hecho de que es posible establecer fases del desarrollo de la sociedad, ilustrándolas a partir de la complejidad histórica que han alcanzado el uso que de las redes institucionales hace la sociedad.

Debemos decir, que si bien, el desarrollo científico-tecnológico representa una importante influencia para las pautas de evolución del espacio agrario, éste debe combinarse con la evolución del tejido social, con el fin de que se establezcan elementos para un desarrollo regional de largo alcance, representado de manera preponderante en las redes institucionales que se establecen para usar y desarrollar las innovaciones tanto de proceso como de producto en la agricultura.

En la actual fase del desarrollo económico de Sinaloa y de la agricultura que se practica en el estado, nos lleva a considerar la entrada del espacio agrícola Sinaloense a una etapa Tecnobiológica (Morales, 2007) en la que la producción de variedades genéticamente modificadas demandará, tanto de la puesta en marcha de de redes institucionales como de una mayor interacción de las mismas en el sector agrícola del estado para mantener altos niveles de producción en el campo y competitividad en las cadenas globales agrícolas.

Conclusiones



La incipiente presencia de redes institucionales en el espacio agrícola de Sinaloa es el resultado de una evolución histórica desordenada de la actividad en la región, lo que se expresa en políticas públicas dispersas, en duplicación de esfuerzos institucionales y en el constante desperdicio de los recursos técnicos y humanos ante la falta de planeación de la actividad en el estado.

Las pautas en el desarrollo regional del espacio geográfico de Sinaloa y en especifico del espacio agrario está delimitado por la evolución de los distintos valles agrícolas del estado; lo que reclama la planeación territorial de la actividad, entendiendo, para ello, que la cultura y la economía van a la par en los procesos productivos, lo que hace imposible que se simule el desarrollo de la sociedad, toda vez, que la práctica de una transferencia tecnológica sin vínculos en las redes sociales, y por tanto sin asidero en las redes institucionales impide que se formen las estructuras que permitan la evolución de la sociedad.

La introducción de OGM al espacio agrícola de Sinaloa está determinada por la dependencia del estado del mercado de EEUU, lo que trae graves consecuencias ambientales y económicas para la agricultura del estado, al mismo tiempo que acentuará la dependencia de la actividad al modelo estadounidense.

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jueves, 7 de febrero de 2008

REDES INSTITUCIONALES Y ESPACIO GEOGRÁFICO: PAUTAS EN EL DESARROLLO REGIONAL DE LA AGRICULTURA EN SINALOA, MÉXICO

El espacio geográfico, en su condición de “espacio” es una dimensión, que no existe por si solo y, al igual que el tiempo, agrupa hechos y procesos que ocurren en el mundo material, tanto naturales como sociales, condicionado por el uso que de él hace la sociedad.

Las innovaciones de proceso y de producto no se desarrollan en escenarios aislados del contexto social, la tendencia a la formación de redes institucionales es condición sin ecuanon para la competitividad de los sectores productivos en las economías de mercado abierto, lo que reclama del sector agrícola de Sinaloa, México una planificación orientada a la articulación de dichas redes con el fin de incorporar efectivamente los nuevos conocimientos y asegurar con ello su competitividad.

La evolución del espacio agrario en Sinaloa, México se encuentra condicionada por la incorporación de nuevas tecnologías en la agricultura del estado, lo que impacta en el paisaje agrícola. El soporte en el que se sustenta la incorporación de las innovaciones a la agricultura sinaloense es el tejido social (productores, agricultores, campesinos), producto del dinamismo del sector primario y las condiciones del desarrollo sociohistórico del mismo.

El desarrollo de las redes institucionales es un proceso de evolución de la complejidad histórica de la sociedad, que no pueden trasladarse denominativamente de un espacio geográfico a otro, por lo que no es posible encontrar estructuras (morfología) institucionales que cuenten con la capacidad de estructurar nodos para la incorporación de redes en el capitalismo tardío; de hecho las redes institucionales son una forma de dimensionar el desarrollo de una sociedad, toda vez que una de sus principales características es que son endógenas.